Azul celeste

Alissa despertaba esa mañana con una sonrisa de oreja a oreja, contemplaba desde su redonda ventana el maravilloso bosque que adornaba los alrededores de su pequeña casa; una construcción bastante extraña, que a su vez, reflejaba el intenso amor que se desprendía del quehacer por parte de cada ser vivo que allí habitaba.

Los padres de la pequeña solían despertarse con la radiante danza del sol, era un momento tan brillante y benévolo que hasta la niña, desde la comodidad de su lecho percibía e incluso imaginaba en detalle cada paso que aquellos daban sin necesidad de abrir sus ojos.

El Sr., y la Sra. Vizantin aceleraban sus pasos hacia cada rincón de su brilante terreno y luego de alimentar algunos animales, escuchaban a la dulce princesa gritarles —con una sonrisa delineada en cada extremo de sus mejillas— ¡Madre...padre... muero de hambre!, sus padres no podían evitar desatar mil carcajadas de amor.

Una vez esto ocurría, su madre se dirigía hacia casa con gran velocidad sosteniendo con sus manos los finales de un largo vestido, color azul celeste, sencillamente espléndido y lleno de fuerza; al llegar a la cocina, destapaba la leche y servía el cereal favorito de su niña e iniciaba su labor de rejonear con ayuda de un instrumento metálico la fruta favorita: la manzana lila.

Mientras el padre de la niña ordeñaba las vacas y podaba el césped, la señora de Vizantin repetía una y otra vez a su hija lo siguiente: —¡Toma leche y come bien, te mereces esto y mucho más, nunca pares y no temas!— la pequeña, sin mayor comprensión alzaba los hombros y se alimentaba con una energía imparable, con tanta fuerza como la del recién nacido en su primera succión. 

Una noche se perdió la luz en la ciudad, Alissa se despertó muy afligida por los gritos que llegaban a su oído desde las más lejanas calles. En ese momento, se apresuró a lavarse sus manos, las humedeció con un poco de agua y luego, las deslizo sobre su cara para decirse a sí misma frente a un espejo: ¿Acaso quién soy, acaso quién eres tú?

La pequeña niña del sueño resultó ser una joven que siempre soñaba con su familia, desafortundamente al conectar con su realidad se descubría en una ilusión, había quedado huérfana cuando apenas tenía 3 meses de llegada al mundo, ese que tanto detestaba en cada silencio. Sus padres murieron en un enfrentamiento que se generó entre fuerzas oscuras de las que nunca se volvió a hablar, las cuales le impidieron verlos tan solo un corto instante.

Sin importar sus miedos en cada sueño, Alissa prefería dormir mientras otros hacían diversas actividades; amaba tanto su fantasía porque en ella encontraba más realidad de la que anhelaba.

¡Alissa, Ali! —decía la voz de su conciencia— no temas, estamos contigo, no tiembles somos tu luz y tu fuerza.

Autoría de @lavidaenfrasesylibros

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